top of page

La importancia de recuperar Curauma

  • MCI
  • 23 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Curauma no es un error. Es un saqueo. Un saqueo ejecutado con papeles, timbres y resoluciones, pero saqueo al fin. Recuperarla no es un acto nostálgico ni una querella privada: es una cuestión de dignidad pública y de salud institucional.


Ahí se destruyó valor a plena vista. Suelo estratégico, planificado para vivienda, ciudad y trabajo, fue reducido a cifra marginal mediante un proceso que nunca resistió una explicación honesta. No fue mala suerte ni un ciclo económico adverso. Fue un mecanismo. Se vació un proyecto de escala metropolitana usando el lenguaje de la legalidad para producir un resultado ilegítimo. Cuando eso ocurre, el daño no se mide solo en UF: se mide en años perdidos, en barrios que no existieron, en familias expulsadas hacia la periferia, en un Estado obligado después a pagar lo que antes permitió que se usurpara.


Manuel Cruzat Infante no es el centro de esta historia, pero sí su punto de fricción, y no acepta el libreto del vencido correcto. Persiste cuando lo esperable es el silencio. Gracias a esa persistencia, Curauma no se archiva como tantas otras causas incómodas. Permanece abierta porque alguien se niega a normalizar el abuso cuando este se disfraza de procedimiento.


Aquí conviene decirlo sin rodeos: en Curauma operó una corrupción judicial de baja visibilidad y alto impacto. No la del soborno burdo, sino la más dañina: la administración selectiva del proceso. Plazos que se estiran o se acortan según el interesado, estándares que cambian según el apellido, resoluciones que parecen técnicas pero producen siempre el mismo beneficiario. Esa forma de corrupción no deja huellas penales evidentes, pero deja algo peor: la convicción social de que la justicia es administrable.


El costo social de eso es profundo y duradero. Cuando la gente entiende que el derecho no protege al que tiene razón sino al que tiene mejores accesos, se rompe algo esencial. Se deja de invertir, se deja de creer, se deja de esperar. Curauma es una lección brutal de cómo un mal fallo no termina en el expediente, sino que se proyecta sobre toda la economía y sobre la confianza colectiva.


Por eso hoy los nuevos vientos importan, y mucho... 


No porque prometan milagros, sino porque vuelven a poner el foco donde corresponde: en la corrección, no en la comodidad. Recuperar Curauma sería más que hacer justicia en un caso concreto. Sería una señal clara de que el país puede revisar sus propios abusos, incluso cuando estos llevan años acumulando polvo institucional.


Curauma debe recuperarse no para reivindicar a una persona, sino para desmentir una lógica. La lógica de que, una vez consumado el despojo, solo queda callar. Si ese paradigma cae, cae mucho más que un expediente. Cae la idea de que el poder siempre gana.


 
 
 

Comentarios


bottom of page